Amor por la imagen

El amor por la estética es algo que siempre he tenido, aunque fue después de grande que me di cuenta de que era eso. Los primeros recuerdos que tengo, que luego relacioné con la estética, se relacionan con las fiestas en casa; a mi mamá siempre le ha gustado organizar grandes fiestas, y yo me di cuenta de que a mi me gustaba arreglar los platos y cubiertos. También me gustaba muchísimo hacer figuras en plastilina y construcciones con lego, construcciones que al principio me hicieron creer que me gustaba la arquitectura, pero luego descubrí que de los edificios me interesaba más la armonía de la fachada que los elementos constructivos.

Comencé a racionalizar las cosas luego de que en el colegio conocí las asignaturas de historia del arte, y posteriormente en la universidad llegaron los estudios de la estética. No es que fuese a partir de allí que yo “aprendiera” a apreciar la estética, sino que me hizo ver lo grandioso de algo que, silvestremente, desde siempre me atrajo.

Con el manejo de la fotografía y el video las cosas se pusieron más interesantes. Cuando en tu trabajo no solo te animan, sino que te exigen a buscar la armonía entre los elementos y formas que pueden conformar una imagen, o los contrastes de colores y texturas mediante la selección del ángulo para que los videos resalten más una cosa que otra, entonces ves grandes imágenes y mucha estética en pequeños detalles que, posiblemente, no habría visto tan fácilmente antes.

Luego llegó un momento en el que las cosas, casi, se salieron de control. Yo soy, de fábrica, un poco maniáticamente detallista, del típico que se desconcentra si hay un cuadro torcido en la pared, o que me mareo si noto que el video que están haciendo lo graban con cámara en mano y comienza a temblar la imagen.

Debo decir entonces que: lo que comenzó como algo puramente instintivo en la niñez y se ha ido refinando a lo largo de los años ahora es mi actividad profesional principal. La imagen no es solo disparar la cámara o comenzar a grabar; también se relaciona con los procesos de postproducción y retoque digital, que son para mi igual de divertidos con el extra de que puedo hacerlos desde cualquier parte del mundo con conexión a internet, pero de esto hablaremos en otro momento.


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